Malvinas 2027: el error de cálculo de Londres y la prudencia de Argentina

Autor
Juan Battaleme
Medio
TN
Mes/Año
3 de octubre de 2026

(*) Columnista invitado. La instalación de una plataforma petrolera en 2027 y la retórica agresiva del primer ministro Burnham reactivan un dilema de seguridad que estaba estable desde 1983. Londres apuesta a la debilidad militar argentina y al apoyo de Washington, pero esa lectura puede salirle cara.

En Londres creen que es el momento adecuado de actuar de manera unilateral en contra de Argentina como consecuencia de su debilidad relativa, en una zona que entienden secundaria de la política internacional y que por sus lazos históricos con EE.UU. contarán con su anuencia y aprobación tácita. Su percepción y sentido de la oportunidad podría en este caso no ser la correcta y además les puede resultar costosa.

Como se sabe, la era de la disrupción tecnológica se definirá por garantizar el acceso a recursos críticos como los minerales y la energía lo cual es mandatorio en la actual dinámica de la política mundial.

Es en este contexto donde la situación de Malvinas cobra sentido de urgencia y explica la decisión unilateral y temeraria de explotar recursos energéticos, siguiendo el camino de la explotación de recursos pesqueros que viene desde mediados de los años ochenta.

El criterio político del Reino Unido es sacar ventaja de la inestabilidad y tensiones que existen en todo el arco que conocemos históricamente como Rimland, el cual cubre una franja territorial que va desde el norte escandinavo pasando por el golfo arábigo y llegando hasta el lejano oriente ruso.

Esta región es la zona de fractura de la política mundial donde una parte sustancial del comercio internacional transita además de existir los mayores puntos de estrangulamiento navales y terrestres de los cuales existen 7 vinculados con energía, y varios con alimentos. Ormuz es a la energía lo que el Bósforo es al trigo y otros cereales.

Cuando esta parte del mundo se tensa, el desvío sucede por Panamá, el Estrecho de Magallanes, el Pasaje de Drake y el Cabo de Buena Esperanza, por lo tanto más relevancia cobra el Atlántico Sur. De ahí el movimiento británico en estas latitudes sin medir las consecuencias de su accionar divisivo para la estabilidad general.

El Reino Unido con la acción práctica de avanzar en la explotación de petróleo junto a una retórica agresiva por parte del Primer Ministro y funcionarios políticos y militares reactiva un dilema de seguridad entre ambos países el cual permanecía estable desde 1983, con el riesgo de que se transforme en agudo, agregando un nuevo nivel de tensión al comercio internacional y con consecuencias imprevisibles en el futuro ya que hace rígidas las posiciones en ambos países restando voces moderadas y amplificando la de quienes creen que cuanto peor, mejor.

Argentina ha decidido responder con firmeza, voluntad y prudencia, utilizando el mismo set de herramientas económicas y políticas que el mundo occidental utiliza cuando aparece este tipo de situaciones: sanciones, las cuales son precisas y van dirigidas hacia quienes actúan lesivamente contra el interés nacional. Nada que el Reino Unido no conozca ya que aplica sanciones específicas a la Argentina en el plano militar, desde el fin de la guerra de 1982.

En este sentido Londres ha sido exitosa en actuar en contra de la reconstrucción del instrumento militar de Argentina que, en conjunción con la poca voluntad de destinar recursos para la defensa por parte de varias administraciones llevó a un deterioro del instrumento militar argentino que está documentado en varias publicaciones externas y que provocó que sectores chauvinistas fantasearan con la posibilidad de involucrar a Rusia y a China en la dinámica de seguridad del Atlántico Sur.

El resultado del proceso de desarme unilateral de Argentina es la actual debilidad relativa para proteger nuestros intereses frente a hechos consumados como el que podemos enfrentar a partir del año 2027 con la instalación de una plataforma petrolera dando cierre a aquello que comenzara en 2010 con la exploración y concesión de áreas con potencial petrolífero por parte del Reino Unido.

Esa unilateralidad no está exenta de contradicciones. Para justificar su accionar actual el Primer Ministro Burnham ha tenido que llegar al extremo de igualar a la República Argentina con Rusia. Rusia representa una amenaza existencial para ese país además de ser una autocracia, con la cual dicen no compartir ningún valor y sin embargo se comportan con el mismo grado de unilateralidad en el Atlántico Sur. Con Argentina tiene un diferendo puntual, ambas son democracias que se suponen están abiertas al diálogo, al menos en teoría. Frente a los hechos, el Reino Unido parece decidido a dañar la relación bilateral de la misma forma que la Argentina lo hizo cuando decidió recuperar las Islas Malvinas por la vía militar: el hechos consumado genera agravios tortuosos de resolver. Una vecindad que se presenta complicada pero estable puede perder esa condición en los próximos años.

A ello se suma una contradicción adicional, con EE.UU. se supone que tiene una relación especial. Sin embargo Londres opta por ser ambiguo con China al igual que con Irán y crítico con Israel, país de origen de Navitas, que será el ejecutor del proyecto extractivo británico, pero exige a EE.UU. que enfrente a Rusia aun a costa de sacrificar posiciones en el Pacífico.

Sin embargo en el Atlántico Sur, pareciera ser que Londres está decidido a ir en contra de EE.UU., horadando lo fijado en la Estrategia de Seguridad Nacional de 2025 y su Estrategia de Defensa Nacional del 2026. No colabora con la operación Southern Spear en el Mar Caribe, cuestiona a la Administración Trump por su accionar en Irán a pesar de la integración que ambas naciones tienen en materia de seguridad y defensa, y amplifica el espacio para una China dispuesta a usar su influencia directa e indirecta para deslegitimar la posición norteamericana en los asuntos de seguridad de la región.

De esta forma brinda oxígeno a quienes políticamente trabajan día y noche para que Argentina rompa su relación con EE.UU. y se mueva a una alianza con Rusia y con China en el marco de los BRICS y del orden multipolar bajo el paraguas ideológico del sur global. En el juego de las percepciones, esto es algo que los analistas en Washington perciben identificando al Reino Unido como actor problemático bajo la lógica del corolario Trump a la doctrina Monroe, lo cual los llevó a esgrimir la posibilidad de cambiar su posición en torno a las Islas Malvinas.

Argentina se posicionó como actor transatlántico y occidental, posicionamiento que el Reino Unido busca deslegitimar a los efectos de volver al mundo donde EE.UU. no tenía incentivos siquiera para ser neutral en la contienda por la soberanía en las Islas Malvinas.

No obstante ello, Burnham y su gabinete hacen una contribución intelectual mayor a la defensa argentina. En el ámbito nacional el debate antártico se ha mantenido siempre en dos lógicas: la de la cooperación y la del mantenimiento del status quo a pesar de la dinámica competitiva existente.

La unilateralidad británica en el Atlántico obliga a pensar que su accionar será similar en los próximos años hacia la Antártida, lo cual lleva a una necesaria aceleración de la construcción de infraestructura de conectividad entre el continente y la Antártida, tanto en el plano físico, como lo representa la base naval integrada de Ushuaia, y los cables submarinos que se tenderían, a los efectos de estructurar un ciberespacio eficiente.

Asimismo resulta necesario reconstituir el núcleo de flota e incorporar sistemas que permitan al menos tener una capacidad efectiva de denegación de área para el año 2035, siguiendo cuatro criterios: 1) aumentar el riesgo operacional de una voluntad rival que quiera actuar unilateralmente, 2) asegurar la conectividad y el transporte que permita mantener la normal operación de nuestros recursos en la Antártida al igual que la protección de dicha conectividad, 3) desarrollar una capacidad concreta que asista a la comunidad internacional en el monitoreo del tráfico marítimo, desplegando una variedad de sensores, y 4) celebrar acuerdos con naciones amigas que hagan crecientemente redundante la presencia militar británica en las Islas Malvinas.

Tal vez esos sean los primeros pasos que habrá que dar para la recuperación efectiva de nuestra soberanía sobre las Islas y la protección de nuestros intereses en la Antártida, de forma tal de no enfrentar nuevamente una situación de hecho consumado.

*Juan Battaleme. Miembro del Comité Ejecutivo del Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales (CARI). Profesor UCEMA - Ex Secretario de Asuntos Internacionales para la Defensa.